.JPG) Palabras del Presidente de ACOFI, Francisco Javier Rebolledo Muñoz, durante la instalación del Foro Académico "Impacto de los programas de ingeniería en el desarrollo regional", realizado el día viernes 5 de febrero de 2010 en las instalaciones de la Universidad Mariana.
ACOFI, ha querido este año centrar la atención de sus discusiones en la realidad y preocupaciones de las facultades de Ingeniería, frente a la responsabilidad en los procesos de formación para los momentos que vive el País. Una realidad enmarcada en un clima de globalización, donde no se sabe si es mejor estar fuera o dentro de ella; un mundo manejado por las tecnologías de la información y la comunicación, donde nuestros procesos formativos se debaten en la disyuntiva de lo práctico y efectivo frente a lo analítico y reflexivo; un país con imperdonables desigualdades sociales de lo cual, nos preocupa, que nuestros estudiantes y profesionales no tengan una verdadera conciencia y se conviertan en elementos apáticos en una sociedad que los necesita y lo más grave aún, jóvenes expuestos con facilidad a participar de sociedades donde los principios éticos y de buena conducta pierden día a día vigencia. Un país con clara tendencia a sumirse en la mediocridad, buscando su desarrollo y solo pensando en que la única solución a nuestros problemas los tienen quienes están por fuera o quienes ostentan el poder financiero; jóvenes que golpean las puertas de nuestras Universidades y facultades sin estar convencidos de lo que puede ser su futuro y simplemente aprovechando una oportunidad, a todas luces excluyente, en búsqueda de algún futuro; una Colombia que le ha dado la espalda al Planeta, cuando éste fue tan generosa con ella al otorgarle una invaluable riqueza hídrica, una diversidad biológica sin límites y unas condiciones de pisos térmicos tan variada para responder a múltiples exigencias de los seres vivos para su supervivencia; un País como Colombia con regiones y gentes donde la diversidad cultural se junta con la natural para ofrecer oportunidades de valoración y aprovechamiento de recursos, para que su progreso esté basado en el progreso de sus regiones y sus pobladores.
Es en este contexto donde ACOFI, desea este año discutir el trabajo de las Facultades de Ingeniería. El año pasado discutíamos como estaba nuestra academia frente al desarrollo científico y tecnológico, del país; mirábamos la importancia de fortalecer las escuelas de ingeniería para de verdad, generar conocimiento científico y aplicado, atento a las realidades. Concluíamos estar todavía, muy lejos de convertirnos en verdaderos gestores del conocimiento y que la Ingeniería Colombiana debía ser más agresiva para ofrecer oportunidades de crecimiento a partir de la innovación desde el ejercicio de la profesión del Ingeniero. Este y otros temas que han centrado la atención de nuestras discusiones en los últimos años, como la docencia en la Ingeniería, la Calidad en la Formación de Ingenieros, deben contribuir a trabajar el tema de fondo de este año: "El compromiso de las facultades de ingeniería en la formación, para el desarrollo regional". Todos estos temas en los cuales ustedes nuestros académicos año tras año, aportan, han quedado consignados en libros, memorias, pronunciamientos, foros y reuniones para beneficio de todas las Facultades de Ingeniería que conformamos ACOFI y que esperamos sigan siendo de utilidad para la gestión.
Pero siguen siendo muchas las preocupaciones objeto de análisis cuidadoso de nuestras Facultades y por ello ACOFI quiere brindar los espacios para su análisis y discusión, con la mayor sinceridad y objetividad, pensando que parte importante de la prosperidad de nuestro País está en lo que haga o deje de hacer la Ingeniería Colombiana. Nuestra responsabilidad es la formación de ingenieros y por ello planteo algunos interrogantes que debemos hacernos en el marco de este Foro inicial en Pasto.
Para qué estamos formando ingenieros, para una sociedad que los necesita en aras de mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos. Los rezagos de Colombia en materia de infraestructura vial y de servicios públicos, de comunicaciones, de desarrollo energético, de fortalecimiento de la industria manufacturera, de tecnificación del sector agrícola, de protección ambiental, son un llamado a la Ingeniería Colombiana por la necesidad de tener excelentes profesionales que lideren proyectos exitosos.
Con alguna nostalgia vemos como la población de estudiantes de Ingeniería en el país, no crece y más bien tiende a disminuir, pasamos de tener, según el SNIES, 291.000 estudiantes en nuestras facultades en el 2001 a tener en el 2008, 279.000. Me pregunto si no hemos podido vender la idea de que estudiar Ingeniería verdaderamente representa una oportunidad, a todas luces, excelente para contribuir con el desarrollo del país.
Las Facultades de ingeniería, debemos llamarnos a la reflexión sobre nuestro papel, más allá del ofrecimiento de programas dentro de un sistema educativo. Pensar como, nuestros currículos y planes de estudio se están integrando a la formación básica primaria y media, si están siendo atrayentes para los futuros profesionales y lo más importante, si conocemos como se forman hoy nuestros jóvenes y en cuales condiciones ingresan a las aulas Universitarias. Entender la juventud y sus procesos de formación, es obligación de las Facultades. Nuestros directivos y profesores se deben involucrar con esa realidad y será necesario abrir un diálogo estrecho con las instituciones de enseñanza primaria y secundaria con el fin de integrar los procesos formativos y motivar desde los primeros años el gusto por la ciencia y la tecnología. Es un paso necesario, hay que darlo, si queremos tener el suficiente recurso humano para fortalecer la ingeniería Colombiana.
Es hora también de revisar, los procesos internos de reflexión curricular, y junto a ello la calidad y la pertinencia de los programas de formación de Ingenieros. El ejercicio de la ingeniería cada vez se hace más diverso y especializado, exige esto, una amplia flexibilidad en los planes de estudio que permitan atender las exigencias del mercado, pero que al mismo tiempo orienten dentro de un contexto global a los estudiantes. Ante esta gama de posibilidades se han creado tanto programas de formación de ingenieros como área o necesidad de conocimiento y desarrollo tecnológico se requiere; muestra de ello, son las más de 100 denominaciones de programas de Ingeniería existentes en el país. Sin embargo pienso que el problema, hoy, para la ingeniería es pensar cuál es su esencia como disciplina, y como pretendemos formar en los diferentes niveles desde el pregrado hasta el posgrado, bajo la premisa inaplazable de que el ingeniero debe estar en permanente disposición de formación. Entonces, formar un Ingeniero, para afrontar estos retos de la diversidad del conocimiento, debe consolidarse a partir de unas bases fuertes conceptuales, con una visión amplia del ejercicio y dispuesta a entender con claridad las posibilidades de ingeniar y proponer soluciones antes que copiar y repetir experiencias.
Ahora, si bien tenemos un sistema de calidad para nuestros procesos, me pregunto si no estamos en el momento de revisar al interior de nuestras Instituciones si los logros obtenidos al calificar nuestros programas o Instituciones, quedan en el éxito de un trámite burocrático para obtener una Resolución del Ministerio, que sobre el papel se ve muy bien, pero que no ha aportado al mejoramiento continuo de nuestros propósitos. Ojala este sistema de calidad que hemos adoptado, no haga crisis cuando nos demos cuenta que no nos permitió mejorar en nuestras falencias y avanzar de manera consecuente con el entorno y que entonces, por el contrario nos dormimos sobre nuestros laureles. En este aspecto de calidad de la educación, lo cual es preocupación del mundo educativo de la ingeniería, será necesario buscar referentes internacionales para valorar de manera amplia y real nuestros procesos. Tenemos acreditación de alta calidad, exámenes ECAES y muchas otras formas de establecer calidad, pero sino reflexionamos sobre lo que realmente hace la calidad es decir, si estamos formando ingenieros competentes y capaces de jalonar el progreso, no habremos dado el paso que Colombia le reclama a la Ingeniería.
Quiero aquí aprovechar para resaltar el reciente Convenio que ACOFI firmó con el ICFES, con el ánimo de apoyar al Gobierno, a raíz de la última Ley sobre calidad de la Educación Superior, para adelantar un proceso de revisión y búsqueda de fundamentación de los exámenes ECAES. Se busca en este espacio aparte de fijar parámetros conceptuales de evaluación, definir o redefinir, si así se quiere llamar, el ser de la ingeniería.
De la misma manera debemos ser más incisivos en nuestros conceptos frente a las políticas gubernamentales que de alguna forma pueden estar en contravía de los intereses fundamentales de las institucionales y Universidades y especialmente de la formación profesional en Ingeniería. ACOFI, ha manifestado con mucha insistencia sus observaciones, frente a la formación por ciclos propedéuticos. Si bien encontramos el sistema, como interesante alternativa para promover la educación superior en ingeniería, nos inquieta pensar que el único propósito sea el afán de una política de ampliación de cobertura en capacitación y formación y terminemos confundiendo a nuestros estudiantes y entregando como resultado, a la sociedad, personas con un nivel de formación superior sin una clara definición de su papel frente a la misma y frente al mercado laboral. Colombia necesita técnicos, tecnólogos y profesionales; tres niveles que la sociedad debe reconocer como necesarios y útiles para su progreso y que de igual manera deben tener el estatus y reconocimiento que se merecen. El profesional de la Ingeniería, deberá reconocer desde el inicio de su proceso de formación la meta a la cual apunta, de esa manera pensar que un ingeniero puede ser la suma de un técnico más un tecnólogo y algo más, es un error. Por ello lo programas que se diseñan para formación de ingenieros por este sistema deben ser observados con mucho detalle para que garanticen que la propedéutica y el principio que los inspira, garanticen un ofrecimiento de oportunidades para lograr que un técnico pueda ser profesional de la ingeniería. La intención puede ser loable, pero los pasos que se están dando en algunas instituciones para, avanzar en propuestas de este tipo de programas, no garantizan su éxito. Por ello ACOFI ha dicho que se debe impedir que el modelo mal aplicado vaya en contra de lo considerado universalmente, sobre que la formación del ingeniero inicia para un objetivo final y no con la perspectiva de superar etapas sucesivas para adquirir una competencia profesional. Por esta razón no se considera desde una lógica formativa que la suma de competencias del técnico más las del tecnólogo, más un tiempo adicional, puedan producir al final, un profesional ingeniero.
Quiero referirme finalmente a la preocupación de ACOFI, por la pertinencia de los programas de formación de Ingenieros y la manera como nuestras Facultades están asumiendo el reto de buscar esa pertinencia en el marco del desarrollo regional. A lo largo y ancho del País hemos generado múltiples alternativas para ofrecer formación en ingeniería, sin embargo poco nos hemos detenido a pensar si hemos apuntado hacia la formación de ingenieros, según las capacidades de las regiones. Es hora de buscar de alguna manera que los programas de ingeniería se orienten sobre las necesidades de la región y especialmente sobre aquellos valores competitivos fijados por sus potencialidades. La investigación y el avance del conocimiento que buscamos en nuestras Facultades de Ingeniería deben propender por el aprovechamiento de las riquezas y recursos de cada área o región. Es la hora de pensar en consolidar nuestras instituciones de enseñanza de la Ingeniería con propósitos claros, aprovechemos mejor los recursos y fortalezcamos aquellos programas que de verdad son útiles regionalmente. Donde están los grandes centros agrícolas y ganaderos del País, donde los centros de producción, las riquezas hídricas y biológicas, los potenciales en minerales para fortalecer en dichas áreas, la formación de ingenieros de la más alta calidad.
Estas preocupaciones nos llevan, dentro de la visión universal de la formación de ingenieros, a la reflexión que hoy iniciamos en Pasto con este Foro y cuyos ejes temáticos se concentrarán en el estudiante de Ingeniería, en la estructura de nuestros currículos en el significado amplio de la palabra y en la responsabilidad social frente al desarrollo de las regiones. Esperamos tener interesantes conclusiones que alimenten el ejercicio diario de nuestra labor educativa.
Gracias a las Universidades de Nariño, Mariana y CESMAG, por haber propiciado este encuentro, su empeño y voluntad demuestran que en una región como Nariño, necesitamos iniciar esta discusión, por ser una región necesitada pero llena de gente entusiasta. La Ingeniería de Nariño tiene un compromiso con su departamento para el desarrollo regional, con proyección nacional, la academia de Ingeniería debe ser co responsable del desarrollo del Departamento. Hoy comenzamos la discusión quizás en unos meses debamos tener claridad de propósitos y en unos años muchos frutos que recoger.
Muchas gracias.
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